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Modelo de esquela del diario La Vanguardia |
Antes de que empecéis a pensar que he
llegado a una edad en la que pienso más en el “hoyo” que en el “bollo”, quiero
dejar claro que la sección de necrológicas de The Washington Post no tiene nada que ver con la de un periódico
español, ni siquiera con la de un periódico local de un pueblo en el que todos
se conocen. Las esquelas españolas son todas iguales, con su cruz negra en la
parte superior, el nombre y los apellidos del difunto, la fecha y el lugar de
defunción, el clásico DEP y el breve mensaje con los nombres de los familiares
y fecha-lugar-hora del sepelio. Una información aséptica que no demuestra
sentimiento alguno de quienes han pagado su publicación y que, a no ser que un apellido conocido capte mi
atención, pasa por mi cerebro sin pena ni gloria, como la vida de aquellos a la
que hacen referencia.

Los textos son ya el delirio. Es verdad
que el minúsculo tamaño de la letra es un disuasorio pero merece la pena ponerse
un poco bizca, alejar la página para compensar la presbicia o subir
directamente al piso de arriba a buscar unas gafas. Largos párrafos que describen
con todo lujo de detalles a quien acaba de dejar este mundo y palabras que
traslucen el cariño, el hastío o la indiferencia de quien ha tenido que
escribirlos. Esta semana descubrí a Peggy, que vivió casi 100 años. Supe dónde
había nacido, el nombre y profesión de sus padres y de todos sus familiares,
que su marido trabajaba para la CIA, los países donde había vivido, dónde y
cómo construyó su casa, lo que cultivaba en su huerto, las reuniones de la
iglesia a las que asistía, que su gato se llama Marmelade, sus programas de televisión favoritos… No conseguí descubrir qué
relación tenía con ella el autor de tales líneas, pero la quería.

Pero el que más puesta me dejó fue el
panegírico de Porter que, cito textualmente, era “un hombre notable por su
apasionada indiferencia hacia cualquier cosa que no fueran sus mascotas, el
equipo de beisbol de los Washington Nationals y la cantante Alison Krausss”. Campeón
de ajedrez en el instituto, decepcionó mucho a su padre (que quería que fuera
conductor de camión) cuando aceptó una beca para ir a la prestigiosa
universidad MIT donde se graduó de matemáticas. Fue un “laissez faire father of
three”, lo que interpreto como que no hizo mucho caso a sus hijos. Su funeral es
mañana. No sé si ir. Me pica la curiosidad saber si estará allí quién es capaz de hablar de su "apasionada indiferencia". Esto sí que es un buen oxímoron y no lo de la semana
pasada (ver post Stay safe).
Post-post:
A Gabriel también le gusta mucho Alison Krauss, una guapa y virtuosa violinista de bluegrass y country con voz angelical y la cantante más galardonada de la historia de los Grammy. Aquí os dejo una pequeña muestra por si también os pica la curiosidad.