lunes, 24 de junio de 2019

Pullman

Pullman. Apenas leí esa palabra me vino a la mente otra: DeluxePullman Deluxe. Recordé los coches-cama de aquellos trenes nocturnos que me llevaban a Madrid en mi época de estudiante. Los vagones compartimentados en “habitaciones” con seis literas o con dos camas debían de tener esas palabras escritas en alguna parte. Se me tuvieron que haber quedado atrapadas en algún pliegue no muy profundo de la memoria porque resurgieron de su escondite en cuanto tuvieron ocasión hace poco, en Chicago, Illinois.

Quince millas al sur del Chicago Loop, el área financiera y más turística de la Ciudad del Viento, se encuentra lo que queda de Pullman City, la primera ciudad industrial completamente planificada en Estados Unidos. Tomando el apellido del dueño de la empresa Pullman Palace Car, la mayor parte de la ciudad fue construida entre 1880 y 1884 alrededor de la fábrica de coches-cama y al mes de entrar en funcionamiento más de 350 personas vivían allí. Pronto serían miles. Llegó a tener 531 casas de distintos tamaños y precios: el alquiler de los apartamentos de 3 habitaciones costaba una media de 8 dólares mensuales; el de una casa adosada de cinco dormitorios, unos 18 dólares, y el de las casas de mayor tamaño, para los trabajadores profesionales y directivos, entre 25 y 50 dólares.

Por increíble que parezca hoy en día, vivir en Pullman era algo más caro que en otras zonas, pero la calidad de las viviendas era muy superior: todas tenían gas, agua corriente y baño en su interior, patio privado, cobertizo de madera, acceso pavimentado, y la compañía hacía el mantenimiento íntegro; la basura se recogía a diario; había más de 30.000 árboles plantados, tiendas, banco, teatro, edificio de correos, biblioteca, iglesia, parques infantiles, espacios de recreo, colegio, hotel, hospital… Fue considerada casi de inmediato una ciudad modélica y en 1886 ganó un premio como “la ciudad más perfecta del mundo”.

La idea de Mr. Pullman era que unos trabajadores felices, viviendo en buenas condiciones, producirían mejores resultados. Sin embargo, todo era muy paternalista, autocrático y excesivamente controlado: únicamente podía consumirse alcohol en el bar del hotel, solo había una iglesia con un credo, los hijos de los trabajadores tenían que ir a la misma escuela, todo tenía que ser comprado en las tiendas de la compañía… 

Cuando llegó la recesión económica en 1894 y el capitalista decidió reducir los salarios de los trabajadores, pero mantener el precio de los alquileres, los ánimos se caldearon. Pullman pasó a ser sinónimo de la mayor huelga de la historia norteamericana: el míster sacó su lado déspota negándose incluso a hablar con los huelguistas y a buscar una salida negociada a la crisis, los sindicalistas declararon un boicot contra la compañía, el boicot se extendió por todo el país, empezaron los motines y las revueltas… Se armó la marimorena y el presidente Cleveland ordenó restaurar el orden, encarcelar a los cabecillas, someter a los alborotadores y enterrar a los más de 40 muertos.

La ciudad nunca volvió a ser lo mismo. Porque si bien tras la huelga nada cambió para los trabajadores, el gobierno declaró que era ilegal que una compañía fuera la dueña de una ciudad y forzó a que se vendieran todas las propiedades a partir de 1897. Pullman fue desmantelada y la utopía se desvaneció. Hace unos años, la delincuencia, la drogadicción y la marginalidad arraigaron en la antigua ciudadela ideal. En 1991 el Estado de Illinois se hizo cargo del lugar y una agencia de preservación histórica ha diseñado un plan para rehabilitarlo y que sirva de testimonio de la sociedad industrial norteamericana del siglo XIX. Aún tienen mucho trabajo por delante y cuando lo visitamos esta primavera estaba bastante destartalado. Cosa rara en un país que tanto explota turísticamente su corta historia. Tal vez una historia de revueltas sociales que empaña el sueño americano no sea la más adecuada para airear en un país donde palabras como socialismo, comunismo o sindicatos levantan demasiadas suspicacias.
 

Post-post:
La huelga contra Pullman es, significativamente, uno de los primeros capítulos del cómic “Una historia popular del imperio americano”. Se trata de una adaptación gráfica realizada por Mike Konopacki de la obra “La otra historia de los Estados Unidos” del historiador, politólogo y anarquista estadounidense Howard Zinn. Una visión crítica y de izquierdas de la historia de este país adoptando el punto de vista de los trabajadores, los negros, los extranjeros, los indios, las mujeres… en vez de la perspectiva oficial de los presidentes o los héroes. Un libro, en muchos aspectos, demoledor.

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