En Gijón, cuando yo era pequeña y
queríamos comprar algo fuera del horario comercial habitual íbamos al drugstore (lo pronunciábamos “dragstor”). Jamás me planteé que esa
palabreja pudiera tener significado alguno. Sonaba a inglés, es verdad, pero si
me hubieran dicho que en realidad quería decir farmacia habría pensado que me
querían vacilar. Allí comprábamos comida, regalos, libros o nos tomábamos algo.
Su mayor ventaja era que abría hasta las 2 de la mañana, los sábados por la
tarde y los domingos y eso era todo un lujo en aquel momento.
Pero cuando vine a Estados Unidos me di cuenta de que las drugstores de este país se parecen muy poco a nuestro concepto de farmacia y se acercan un poco más a aquella galería de mi infancia. Las cadenas Walgreens, CVS o Rite Aid a las que yo suelo ir cuando tengo que comprar algún medicamento son una especie de supermercados enormes donde encuentras infinidad de anaqueles atiborrados de medicinas para las que no necesitas receta médica, una sección atendida por dependientes para medicinas con receta y montones de pasillos con todo tipo de artículos de belleza o de regalo, secciones de comida, revistas, laboratorio de fotografía, venta de tabaco…

Pero todo esto lleva a situaciones
absurdas. No intentes comprar suero fisiológico porque no entra dentro del
listado de “medicamentos” sin receta; pasarás un calvario y no lograrás
convencer al dependiente de que lo necesitas para limpiar los ojos de un niño o
para descongestionarle las fosas nasales si está acatarrado. Es más, te
empezará a hacer preguntas cada vez más específicas sobre cómo lo utilizas en
tu hijo y llegarás a temer que te denuncie
a los servicios sociales y te acaben quitando la custodia del niño.
En ningún país del mundo he visto en
televisión mayor cantidad de anuncios de medicamentos, de nombres impronunciables
y para enfermedades que no había oído nombrar en mi vida. Basta conectar la CNN,
esperar a un intermedio y se podrá comprobar lo que digo. Una auténtica
incitación al consumo de medicamentos en un país que sufre una verdadera epidemia de heroína y opiáceos consecuencia de la adicción a los analgésicos.

Y que a una española le deje puesta esto
tiene especial delito porque España, lamentablemente, es el segundo país que
más medicamentos consume del mundo, por encima incluso de Estados Unidos.
También se dice pronto.
Post-post:
Cristina, va por ti.
Foto viñeta: Flickr
madre mía, no sabía que consumimos tantas medicinas, y quién va delante? que miedooo
ResponderEliminarFrancia. Y sí, Lucía, aterrador.
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