Una noche, después de cenar en familia,
pregunté a los niños qué estaban leyendo. Mientras mi hija pequeña, una lectora
compulsiva de 12 años, nos empezó a contar las historias de los 3 libros que
estaba leyendo a la vez, su hermano intentaba colar la etiqueta del champú como
material de lectura. La mayor disimulaba hablando del libro que tenía en la
mesita de noche el cual, tras leer de un tirón los tres primeros capítulos, no
había vuelto a abrir en las últimas dos semanas. “Me paso el día leyendo en el colegio”, se justificaba. “Y la noche viendo vídeos en el móvil”,
respondimos a coro los demás.
Los tres se volvieron luego hacia mí para
interrogarme sobre mis lecturas y cuando les empecé a hablar de mi novela
saltaron como resortes con un tono tan triunfal como acusador: “¡pero no la estás leyendo, la estás
escuchando y eso no vale!”. Y es cierto que no estaba propiamente leyendo ese libro, es más, ni siquiera es un libro sino
un archivo de audio, pero eso de que no valía, ya no lo tengo tan claro.
Pero, al tema. Esos audiolibros, ¿cuentan
cómo lectura? ¿Marca alguna diferencia el sentido por el que sus palabras
llegan a mi cerebro? ¿Tiene más valor el deslizar los ojos por las líneas de
una página que el concentrar la atención en unos sonidos articulados? Es cierto
que la ortografía se aprende leyendo y que, aunque no se conozca la norma precisa, el leer mucho permite saber si una palabra está bien o mal escrita al verla o al escribirla,
por ello insisto en que mis hijos lean a diario. Pero, cuando ya se dominan las
reglas ortográficas, ¿es tan importante el modo de “consumir” un libro?
El Pew
Research Center, un centro de análisis estadístico que tiene sede en
Washington y que da información sobre problemáticas y tendencias en Estados
Unidos y en el mundo, acaba de publicar que el consumo de audiolibros ha
crecido significativamente en el último año mientras que la lectura en los
formatos de libro impreso y libro electrónico se han mantenido estables. Para
mis hijos no puntúa igual leer un
libro que escuchar un libro, pero les hablé de este estudio del Pew y les hice que ver su madre estaba a
la última y eso sí, creo, me hizo ganar puntos.